¡Manos a la obra!

@aromerocastro

Uno, siendo joven, muchas veces no se logra explicar el porqué de muchas cosas. Cosas con las que convivimos diariamente. Cosas que ya son un algo cotidiano en nuestras vidas, cosas que sabemos que están, sabemos que existen, y creemos seguirán así…

¿Por qué está así el mundo? ¿Podemos hacer algo para cambiarlo? ¿Sirve de algo lo que yo hago, aún remando contra la corriente? ¿Aunque todo parezca no cambiar?

Y la pregunta más esquivada: ¿Son las preguntas anteriores preguntas cliché? ¿Son preguntas que sirven solo para mover las pasiones y poder avanzar?

Cualquiera sea la pregunta que nos hagamos, la duda está ahí, latente. ¡Dudar es fantástico!

De la duda (y con la duda) uno crece como persona, ayuda a su entorno y éste se desarrolla junto a uno. Lo que cuesta es el primer paso. Y ahí está la importancia de dudar, de indagar, de buscar el meollo del problema y querer solucionarlo.

Un profesor de filosfía nos decía: “bienaventurados los que dudan porque de ellos nace el reino de la sabiduría”.

Entonces, entiendo que el primer problema al que nos enfrentamos, es dar el primer paso, generar esa voluntad y esa convicción que nos haga mirar hacia adelante y caminar con todas las energías hacia esa meta.

¿Pero hacia dónde caminar?

La educación es lo más importante. Generar ambientes educativos, programas escolares adecuados, educar a la persona desde chico. Como decía Will Durant, un escritor y filósofo estadounidense «la educación es la trasmisión de la civilización». Yo creo que es así.

Pero cuando hablo de educación, no me refiero a enseñar a sumar, restar, historia y literatura, me refiero a educación de vida. Severo Catalina decía que la mayor parte de la gente confunde la educación con instrucción. Y estoy de acuerdo con él. Tengo la convicción de que es así.

Cuando digo que hace falta educar, me refiero a educar en valores, en ética, moral. Enseñar el valor de la familia, el valor del trabajo, de las buenas costumbres. La solidaridad.

Me refiero a transmitir, además, desde temprana edad -de una forma adecuada y pedagógicamente correcta- la educación sexual. El respeto hacia uno y el otro.

Me refiero a agregar educación social y cívica a los niños en la escuela, y desde el jardín. Enseñar a compartir, enseñar los valores humanos del que muchas veces el pueblo uruguayo se jacta de poseer, pero que en muchas oportunidades no se ve en la práctica.

Que la escuela sea un lugar donde no solo se enseñen fechas históricas, aunque eso ya lo estemos perdiendo también.

Que la escuela sea –entonces- una escuela de cultura, de civilización. Que no sean sólo 4 o 5 horas de libros, que hayan momentos de reflexión, momentos de juegos, de educación, momentos de compartir.

Que los profesores fomenten la creatividad, la innovación y la equivocación. Que no se transforme en lo que hoy tenemos: una mera línea de ensamblaje de conocimiento prearmado que, en muchos casos, no es adecuado para los tiempos actuales.

Generar una escuela en la que aquellos que luego del horario curricular no tengan actividades para realizar (de las “sanas”), puedan encontrar allí un lugar seguro y ameno. Un lugar donde ver que lo bueno existe, y que es lo mejor.

En definitiva, que la escuela sea la segunda casa.

Estamos en la sociedad de la información, camino a la del conocimiento. Por tanto, hay que apostar al futuro, invertir en lo que luego nos hará grande, en lo que nos hace como nación, en culturizar, humanizar, educar. Que haya seres pensantes, con flexibilidad y fluidez a la hora de solucionar los problemas del diario vivir; siempre a través de la aplicación de códigos de convivencia positivos.

Horace Mann, un educador estadounidense, dijo que “la educación, más que cualquier otro recurso de origen humano, es el gran igualador de las condiciones del hombre, el volante de la maquinaria social”.

Mientras sigamos fallando en eso, la sociedad no tendrá rumbo fijo, y cada vez habrá más desigualdad, más violencia y más decadencia. Fuga de talentos y fuga de cerebros.

Por lo pronto, le robamos –y sin ningún ánimo político partidario- el slogan “noventoso” a Volonté y les decimos… les pedimos: ¡Manos a la Obra!

¡Eduquemos en las cosas simples de la vida! ¡Demos el ejemplo!

Es tarea de todos.

Nota: Las opiniones expresadas en este documento pertenecen únicamente al autor y no necesariamente reflejan la posición u opinión de sanduceros.com.uy

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  • Gastón

    Lo primero es felicitar al autor del artículo, muy bueno!!
    Estoy convencido que el abandono material y moral en el que se encuentran muchos niños (menores de 10 años) es la principal causa de la delincuencia juvenil.
    Es imprescindible destinar el dinero de los impuestos para proteger a los niños en pos de tener buenos ciudadanos en el futuro y al mismo tiempo responsabilizar penalmente a los padres que los abandonan.